La generación “ni-ni”: ni una cosa ni otra
No hacen falta datos ni estadísticas en % de los jóvenes desocupados, formados o no formados, con o sin proyectos de futuro. No es tan solo la hecatombe laboral que salpica a los jóvenes (todos, tengan o no estudios). En el caso de los “ni-nis” es algo más que eso, es apatía, falta de vitalidad, exceso de confort familiar, economía mantenida por los padres, carencia de ilusión y proyectos de futuro, algo de siempre impropio en la joventud.
No hace falta ser psicólogo ni sociólogo para darse cuenta que todo esto desemboca en el rechazo simultáneo a trabajar y a estudiar o formarse. A eso hay que añadirle la incertidumbre económica de esta época de crisis y los infrasueldos. Las ventajas de ser joven en una sociedad más rica y tecnológica, más democrática y tolerante, contrastan con las dificultades crecientes para emanciparse y desarrollar un proyecto vital de futuro. Y es que nunca como hasta ahora, en siglos, había existido el riesgo de que la calidad de vida de los hijos de clase media sea inferior a la de los padres.

Otra consecuencia directa es que la estancia de los jóvenes en la vivienda familiar se prolonga hasta bien entrada la treintena. Entonces, la tardía emancipación juvenil española es, sobre todo, fruto de la inestabilidad y precariedad del mercado laboral o consecuencia de su comodidad y apatía? Yo respondo que depende del caso. Hay muchos jóvenes diplomados/licenciados haciendo trabajos que no se corresponden a sus estudios y formación, y con sueldos tampoco acordes a esto. Hasta que logran la estabilidad económica, emocional y sentimental suficiente, pueden pasar años. Es fácil hablar desde fuera, pero cómo ven ellos su futuro? Incierto. Antes quién más quién menos tenía su trabajo y podría acceder a la vivienda con apenas 20 años, tan solo faltaba encontrar pareja y procrear. Luego criar a los hijos con cierta estabilidad y bonanza. Ahora el camino es inverso, muchos pueden tener pareja e hijos, y sin embargo no tener trabajo ni casa. Es una incongruencia, pero que no podemos acarrear a la mentalidad de lo jóvenes tan solo. Ya es suficientemente baja la natalidad como para desanimar aún más la fecundación.
Pero no se sabe con qué se sustituirá la tradicional cadena de formación-trabajo-estatus estable, si como se puede preveer, la educación en la cultura del esfuerzo toca a su fin y gran parte de los empleos apenas darán para malvivir. Aunque estamos ante una generación pragmática que no ha soñado con cambiar el mundo, muchos creemos que la juventud no permitirá la desaparición de la imprescindible clase media. No quiero ser pesimista pero la joventud está desorientada, no hay señales, y no existe un camino seguro a seguir. Dicho esto los de arriba también han de poner de su parte, y si los mandamases no ponen remedio (pueden hacerlo si quieren) habrá que revelarse.
Tag: psicología

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