Padres infantiles

Marta 25 septiembre 2014 0

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*Imagen: www.guioteca.com

Tener un hijo es toda una experiencia que requiere de cariño y ante todo inteligencia emocional para gestionar las distintas etapas por las que pasará el pequeño a lo largo de su vida, desde recién nacido hasta la emancipación. El tiempo disponible de los padres no es en algunos casos el que debiera, y es por ello que muchas personas están decantándose por hacer un curso en psicología infantil como alternativa profesional a la reorientación de los pequeños, especialmente en materia de comunicación y expresión de los sentimientos como aspectos más determinantes en su evolución a edades tempranas.

Los padres deben ser los primeros que tomen conciencia de la dificultad e irregularidades que entraña ser niño. Y es que el primer error de un padre infantil es creer que los problemas y bloqueos que pueda sufrir un niño no son relevantes en comparación con la ansiedad y estrés que a menudo supone el trabajo o llegar a cuadrar las cuentas a final de mes.

Como todo en la vida, la clave está en saber ponderar cada problemática a la persona y experiencia que tiene cada una. Tal vez para un niño, tener que hacer una obra de teatro delante de todos los padres no sea una simple ilusión, sino que entrañe una ansiedad y presión añadida que no sea capaz de digerir.

Imaginemos que nosotros mismos tuviéramos que hacer una exposición frente al resto de padres del curso. A nadie (o muy pocos) le saldría de forma natural y sin una pequeña dosis de estrés, por lo que para un niño esa actividad puede suponer un verdadero reto para el que como padres deberemos estar a la altura y saber ser el contrapunto a sus sentimientos para no dejar que se desborden por ninguna parte.

Y como este tipo de ejemplos, el día a día ofrece muchas situaciones en que los niños se ven sometidos a presiones, controversia o incomprensión. Momentos o sucesos que deben localizarse y matizarse, para que esa presión no recaiga exclusivamente en el niño, o cuanto menos no con la intensidad con que la siente.

Una falta de comunicación y sobre todo una escucha activa con los pequeños es otro de los rasgos característicos de los padres infantiles. Y es que entre conversaciones de historias, goles en el patio y fantasías de dibujos animados, escuchar a los niños puede ir más allá para tratar de extraer conclusiones acerca de la personalidad que tienen, la manera de ver el mundo, su creatividad, sus habilidades y la socialización de su día a día.

Como vemos, no ser un padre infantil significa a menudo tratar a los niños con madurez e inteligencia, tratando de gestionar y comprender sus emociones, y ponderando y adaptando sus pequeños baches a su corta edad.

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